Dragon’s Crown

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Galious, desde El Pixel Iluste nos trae este fantástico análisis de Dragon’s Crown, un Beat’em up con una estética… singular.

Qué putas son las modas. Recuerdo con entrañable nostalgia cuando los beat’em up eran los reyes de los salones recreativos. Darse de mamporros con un colega era una de las mejores formas de gastarte los cinco duros que te daba la abuela para gastártelos en maquinitas. Pero algún genio maléfico debió darse cuenta que era mejor que la chavalada invirtiera sus monedas peleando uno contra el otro en lugar de colaborar por un bien común y limpiar el barrio de punkis y yonkis peleones, y poco a poco los beat’em upfueron dejando paso a los juegos de lucha…

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Double Dragon, Golden Axe, Final Fight, Streets of Rage, Cadillacs & Dinosaurs, Los Simpson, Las Tortugas Ninja… Guardo un montón de buenos recuerdos de esos juegos, quizás porque me acompañaron durante el final de mi niñez y el principio de mi adolescencia. Y quizás es también por eso por lo que el beat’em up está entre mis géneros favoritos. Desgraciadamente, los juegos de repartir tollinas a cuatro puños casi desaparecieron con la llegada de los 32 bits; la mecánica no se llevaba bien con los emergentes gráficos poligoneros y poco a poco se fue gestando ese Primo de Zumosol del beat’em up que es el Hack & Slash, amputándonos al Player 2 a cambio de combos espectaculares y QTE’s.

Esperaba con ansia homicida Dragon’s Crown desde que vi el primer trailer del juego. Tenía mis esperanzas que Vanillaware había retomado el género en el punto exacto en el que Capcom lo dejó con las adaptaciones de Dungeons & Dragons, sin más mejora que llevárselo a su terreno artístico, bonito y espectacular a partes iguales. Y, nada más coger el mando y empezar la partida me dí cuenta que Dragon’s Crown era absolutamente como esperaba, sin decepcionarme ni un ápice.
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Arañas gigantes, dragones, ascensores…Todos los tópicos están ahí…¡pero no nos importa!

Pero, tras un par de fases, empezó un goteo de incorporaciones que le daban aDragon’s Crown un poco más de profundidad jugable que un beat’em up puro y duro. Además del inevitable sistema de niveles y habilidades, estaba la recuperación de aventureros muertos para incorporarlos al equipo, las runas mágicas, las tareas secundarias… Y cuando ya vemos cercano el enfrentamiento al imprescindible dragón final, es cuando el juego empieza de verdad, abriéndose un segundo camino en cada una de las fases, dando la posibilidad de jugar online (y es la primera vez que no me he sentido un paquete absoluto jugando con otra peña) y permitiéndonos encadenar mazmorra tras mazmorra, sin pasar por el pueblo a repostar, comprar o reparar armas y equipo o subir de nivel, a cambio de bonificadores en puntuaciones y tesoro.

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A pesar que es fácil pasarse los niveles en menos de 10 minutos y que nos tocará visitarlos mas de dos y tres veces cada una, Dragon’s Crown no se hace pesado en ningún momento. Seguramente, el soberbio estilo gráfico de Vanillaware contribuye a que el juego continúe pareciéndonos atractivo a pesar de recorrer las mismas fases una y otra vez, sin ofrecer nada que no hayamos visto anteriormente. Todos los tópicos del género tienen un hueco en Dragon’s Crown, desde los enemigos habituales hasta los niveles con ascensor… Y, de postre, un buen Final Boss de los que nos gustan. Y, como guinda del postre, tetas y culos…

Porque era inevitable hablar de Dragon’s Crown y no hacer inciso en la dotación de las féminas protagonistas (y otras no tan protagonistas). Son niponamente exageradas, casi grotescas, y la forma que tiene la Hechicera de correr desafía las leyes de la física. Y además, muchas veces aparecen de sorpresa, cuando entramos en una tienda a comprar o cuando una sirena varada nos pide ayuda. Pero, a diferencia de otros juegos, donde las tetas y los culos son el reclamo para colarle a un público hormonalmente alterado un título mediocre, en Dragon’s Crown son un extra de regalo, que no aporta nada más al juego que no sea alegrar la vista a algunos.
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Si echáis de menos los Beat’em upDragons Crown debería ser el juego que compréis con la pasta que os ha dado la abuela por los Reyes. No solo cumple a rajatabla con lo que debe ser un juego de espadazos y mamporros, sino que le añade algunas cosillas más, la posibilidad de poder jugar con colegas online y codo a codo en el sofá (que es lo que realmente mola) y además con tetacas. Casi merecería la pena comprarse una PSVita para jugarlo si no hubiera salido también para PS3… Y si todavía necesitáis una razón más para ir a por él os la daré: todo juego que homenajea a los Monty Python merece ser jugado, y Dragon’s Crownno debería ser una excepción…

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